Y a qué vinimos


Han pasado dos semanas ya desde que partimos a Costa Rica.

Todo se gatillo con la idea de que si quiero seguir el camino del wildlife filmmaking (trabalenguas de pacotilla), o documentalismo de naturaleza, joder, y tendría que ser capaz de ordenar mis propios asuntos, es decir, recursos económicos, herramientas de trabajo, habilidades de comunicación, y por sobre todo calzarme un bonito traje de baño, porque el piscinazo es el último paso para que se dé inicio al movimiento de piezas. Empujar el dominó.

Pero es que salir del ruedo es difícil. Como un trabajador independiente que intenta tener su vida planificada aunque sea a corto plazo, es necesario estar comprometido con el trabajo para que al menos durante el mes siguiente haya un sustento para seguir sobreviviendo, o sino inventarlo. Pero en cierto punto hubo que decir "se cerró la agenda" porque tengo otra cosa importante que hacer, y empezar la transición. Eso fue mayo. Dejar de recibir más pega, y simplemente dedicarse a entregar, cerrar, organizar y mirar para el otro lado del charco.


La importancia de inventarse excusas para hacer las cosas

(sin tener idea cómo se hacen)


No fue que decidí de un momento a otro este viaje. Más bien fui entendiendo con el tiempo que la única forma de hacerse un lugar en este nicho y convertirse en ello, es saliendo a grabar a la naturaleza y convertir esas imágenes en un material que transmita algo. Nadie va a venir a tocarme la puerta preguntando "Aló? sí? busco a algún señor filmmaker por aquí. Sabe que se nos accidentó el camarógrafo que venía de la BBC a grabar ranas de Darwin, y buscamos su reemplazo... Sabrá usted ocupar una cámara de cine en entornos salvajes?". Ja. Como la eterna fantasía del concierto de la banda favorita y el guitarrista en el público que se sabe todas las canciones.


Claro, se puede ir a la playa por el fin de semana y sacar fotos, ir al cerro durante la tarde y pillar fauna, o dedicarle más tiempo a un viaje al sur en temporada de hongos y estrujar la oportunidad, pero sabemos que un buen espresso se extrae a alta temperatura y presión, no en agua tibia a y a presión de la llave

Bingo, temperatura.


Había tenido esas experiencias anteriormente de viaje y registro, claro; ir de vacaciones al sur, a la montaña, a la playa y poder jugar con material audiovisual y saborear la idea de ser un documentalista de naturaleza. Pero si de dos días en los bosques de Valdivia podía salir suficiente material para hacer un pequeño video, de mucho tiempo en un lugar muy salvaje podrían salir varios de esos, o quizá solo uno, pero mejor o más largo.

Y así, fue la práctica constante y oportunista de este ejercicio la que me hizo entender que en cierto momento (este año, por ejemplo) había que ponerle más fichas al rojo, y convertir tus recursos en tu nuevo trabajo inventado por ti con el objetivo de descubrir el proyecto una vez que llegues al lugar. Una vez allá, ahora qué cresta se hace?


LA COSA ES; REALMENTE HASTA QUE NO ESTÁS EN EL LUGAR, TODO LO QUE PUEDAS INTENTAR PREVER ES FANTASÍA. Y ASÍ SE ENFRENTA UNO AL PROCESO DE ADAPTACIÓN, DE ENTENDER EL LUGAR Y SUS ELEMENTOS, PARA DE UNA BUENA VEZ TOMAR ESE PLUMÓN Y PARARSE FRENTE AL PIZARRÓN EN BLANCO.
PUES, A ESCRIBIR.



Entonces ahí estaba yo, con mi super 150-600mm tele-photo en mi super full-frame mirrorless camera con mis super botas y camisa en la densa y húmeda selva, y bastó una salida para darme cuenta que no entendía nada de lo que pasaba a mi alrededor. Y esa fantasía de estar quieto esperando a que pase el animal que se creía extinto, o esa serpiente acechando a un mono se derrumbó prácticamente al instante.

No se puede llegar y hacer un documental de naturaleza si no se tiene idea dónde se está parado, ni qué animales o flora o funga te rodean, o ese sonido de aves a lo lejos, o qué mamíferos de cola larga es el que cuelga de esas ramas, o a qué hora llueve y eso qué efecto gatilla en el entorno, y en fin, una serie de preguntas que me ubicaron en mi pupitre.


Derrumbar las fantasías y a aprender.


De momento me encuentro practicando lo que significa echarse al hombro la cámara de 15 kilos con los juguetes respectivos, no olvidar las baterías, la llave Allen, el soplador, el cablecito para conectar la cosita, y caminar entre esta selva espesa, húmeda y sofocante para captar quizá algún fenómeno cotidiano de la naturaleza -que por cierto no iba yo a encontrar, sino Sofía- y montar pequeños cuadros en el programa de edición que también estoy aprendiendo a ocupar, y todo, antes que se mande la lluvia torrencial o te coman los macroinvertebrados.


La cosa es que inventar la excusa fue fundamental para finalmente enfrentarme a la cruda, sincera y a la vez cariñosa realidad. La que te pone en tu lugar y siempre te quiere demostrar que no importa lo que tenías en mente, tu vienes a otra cosa, a algo más. Lo importante es ponerse el traje de baño, porque te vas a mojar.


Y ni me referí al lugar al que llegamos, porque es tema aparte. Un proyecto de conservación de naturaleza que da bastante para contar. Pero en resumen un paraíso rodeado de vida, donde se cultiva comida, se reutiliza, fertiliza, composta y relaciona uno como un ser más de la selva, ni arriba ni abajo, a merced del clima, de los insectos, de la luz que solo el sol provee y tantas otras bondades. Pero nuevamente, será para otra publicación.


Sin más, ojalá eso te motive a encontrar alguna excusa para hacer aquello.

✌️