El ritmo necesario


Cuánto rato podemos subir un cerro sin tomarnos un break? Cada un sabrá (o no), pero ese momento en el que tomamos aire, un sorbete de agua y una barrita de granola es inminente.

Cuánto nos empujemos a subir ese cerro con desesperación o a un ritmo apacible será fundamental si queremos volver a subir otro cerro más, -y si quiera llegar a la cumbre-.


El 2022 me puse a subir mi cerro personal con tal ahínco como rocky en las escaleras Museo de Arte de Filadelfia.

Y comprobado, quedé raja. Fue el año en el que más de dediqué a "vagar", generar conexiones, tocar puertas, mandar mails, hinchar las pelotas e insistir . Y la verdad el resultado era solamente satisfactorio en cuanto a ver que estaba produciendo cosas y obteniendo un "invariable aprendizaje personal", pero eso de "toque la puerta y se le abrirá" nunca fue tal.


El año completo dedicado a escudriñar en el tacho de reciclaje mental sacando del sombrero unos videos de hongos, unas sesiones de música psicodélica, documentales de artistas emergentes y tantos otros experimentos que sentí que no atravesaron más que unas cuantas cuentas de instagram, y terminó por frustrarme tanto que dije, "listo, este fue mi año dedicado a esto, a cambiar de tema".


Quise dejar de lado todo lo que había estado sembrando porque no vi ni un resultado concreto en toda esa muestra de experimentos.

Little did I know.


En diciembre decidí que no quería saber más de cámaras ni documentales ni hongos ni nada de todo lo que estuve trabajando durante el año. Sentí que fue una búsqueda infructuosa donde nadie realmente pescó lo que hice más allá de unos emojis de fuego, likes y claps.

"Quiero retomar el diseño que estudié", dije, quizá buscar un empleo formal, dejar de merodear. Intentar calzarme algún poncho en alguna empresa tech de esas que usan zapatillas ligeras de goma suave, caminar con el MacBook bajo el brazo entre halls ampliamente despejados -para estimular el ambiente de trabajo u know-, jugar al escondite entre post its, ventanas rayadas hasta el tope de "design thinking!" y aroma a café de grano.

Y así, engañado por una búsqueda que me estaba alejando de mi persecución original, me cubrí en anuncios de trabajo de LinkedIn, postulaciones y domestika de verano, pero esa sensación de desencuentro no cesó.


Qué era eso que faltaba, esa pieza clave para poder mantener la moral en alto? La respuesta era evidente. Una pausa.

Honestamente quise tirar todo al tacho por no haber logrado conectar un solo puente real para poder seguir desplazándome por la vía cazadora recolectora, pero lo que faltaba era un break. Parar de subir un rato, tomar un buen sorbete con agua, clavarse una barrita de cereal, esperar, y luego seguir.


Ya es febrero 21, se acaba esta temporada de verano y puedo decir que no hubo nada más necesario que, por un rato, dejar de perseguir con tanta obsesión y desesperación la obtención de resultados instantáneos.

Bastante hemos escuchado que la mejor comida es la que se cocina lento, y qué cierto que es.


El año se resumió en un bonito portafolio que se encuentra aquí mismo, donde usted lector se encuentra ahora, y pudiendo entonces mirar desde arriba el tablero de trabajo repleto de imágenes y trabajo, es que lo sembrado no lo puede quitar nadie.


Aprendizaje: la importancia de detenerse por un momento de las mismas búsquedas personales, esas que tanto sentido le dan a levantarse, que transforman nuestro sentido de supervivencia en una energía movilizadora que quiere incansablemente romper las ataduras del traje que no nos queda, para calzarnos ese vestido a la medida a lo spider man*.


Es difícil mantenerse en ese estado de pausa prolongado. Rápidamente el cazador recolector busca su lanza y cesta de mimbre para recolectar sus bayas y pescado de río. Y bueno, esa es la eterna lucha de la vida a fin de cuentas.


Garantizo que alimentados, hidratados y descansados podemos seguir subiendo el cerro hasta la próxima falsa cumbre.