Me fui a sentar a un café cerca de la casa para trabajar un rato fuera. Encontré uno -guiado por su cartel neon pop- abierto y pegado a un hotel muy cool por ahí a dos cuadras de la casa. Están conectados por dentro.

Me encontré rodeado de mesas vacías y de fondo una playlist de covers pop versión bossa-nova (muy de hotel), y por fin se aproximan más clientes -huéspedes pensé-.

Dos hombres, padre-hijo diría. El padre es un señor de entrada edad con evidentes rasgos de deterioro por el paso de la vida. El hijo le repite todo unas dos o tres veces, porque padre no oye bien. Piden un juego de té con tostadas. "Ese té riquísimo que nos dio la otra vez". La moza se acordaba que era Chai Latte.

Padre habla lento, a tiritones, como la misma taza que tiene en su mano. E hijo, que es padre -sacerdote-, es muy paciente con padre.


Padre -papá- tiene un gorro de lana con el título "pucón" en su frente. Está como puesto encima, con poca presión, como "dejado" sobre su cabeza.

Padre hijo -sacerdote- le cuenta a su padre que vio "El exorcista del Papa", que era una pésima película. "Dos horas perdidas", dice entre risas.

Padre papá no entiende tanto la risa. "Cuál es el motivo de tanta risa", le pregunta. Quizá padre (hijo) se reía de sí mismo.

Me causa gracia que el sacerdote vaya al cine a ver esa película. Es como el colmo, como un chiste de los colmos.

-Nunca entendí tan bien eso de los "colmos"-


Y así pasan una velada que merodeó entre unos "mañana juega la católica", seguido de unos "qué caluroso día hoy", y rematado con unos "qué té más bueno". Papá recordaba qué estaba tomando, pero sí tenía claro que le encantó.

Like a virgin bossa seguía al fondo, y padre hijo recibe un llamado telefónico. Suena un ringtone por default, pero de los antiguos, de esos midis de celular con botones. Polifónico sí, pero mp3 no aún.

"Dice la mamá que llegó a la casa". Pagaron ligerito y se fueron.


O sea viven cerca, y vienen a menudo. Hijo sacerdote parecía estar de paso en la ciudad.


En fin, yo iba a escribir a cerca de un proyecto que está en construcción y de la incertidumbre de enfrentar una cosa tan en blanco, algo que no se sabe qué va a ser o de qué se vaya a tratar y donde están puestas varias fichas (monedas en realidad) para que ocurra.

Cuánto puede salir mal... no lo sé. Quizá algo de lo que no se espera nada no puede salir mal. O sea sí se espera algo, se espera salir con una película, pero una película de la que no se sabe de qué trata.

Es la primera vez que esto ocurre. El espíritu de apertura es fundamental para que nazca un hijo de la naturaleza de las cosas.

Un hijo de la naturaleza, a fin de cuentas.


Para tal objetivo se requiere mirar bien la naturaleza. Como la conversación entre un padre -sacerdote- y su padre, o apoderado.

No, la verdad no podría aventurarme a decir quién era el apoderado de quién ahí, pero en fin, la naturaleza de aquella oncecita es bastante autoexplicativa. Iba por un ensayo acerca de la incertidumbre, de la renuncia y de la importancia de seguir los sueños con toda la inspiración de haber cumplido recién unos flamantes 30 años, y me voy con que no tengo que ir a ver El exorcista del Papa.

He aquí un hijo de la naturaleza de las cosas.


Pido la cuenta mejor.


Pd: El espresso Lavazza, mediocre brebaje. No hay caso con esos cafés "italianos".

Galleta roja de ingrediente desconocido con base glaseada, muy buena.

Señal de wifi buena.